Colombia está ante la amenaza permanente de más de 500 plagas y enfermedades exóticas, animales y vegetales, que podrían ingresar de un momento a otro, provenientes de diferentes regiones del mundo a través de las importaciones.

La advertencia la hizo el gerente del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), Hernán Marín Gutiérrez, quien a la vez aseguró que con el presupuesto asignado por el gobierno ese organismo no está en capacidad de cumplir la misión de velar por la sanidad animal y vegetal en todo el territorio nacional.

El funcionario dijo que, con las 500 plagas que se encuentran actualmente en el país, los agricultores colombianos incurren en gastos adicionales equivalentes a una cuarta parte de los costos de producción, en tanto que la lucha contra las plagas que atacan al ganado cuesta alrededor de 500 mil millones de pesos anuales.

Según el gerente del ICA, esta cruda realidad es el mejor respaldo para las políticas del instituto de incrementar la vigilancia a las importaciones de material vegetal y animal en las zonas fronterizas y los puertos aéreos y marítimos, así como la destrucción de los productos de contrabando que decomisan las autoridades aduaneras.

De acuerdo con un informe presentado a la comisión de empalme del nuevo gobierno, la presencia de nuevas plagas en la agricultura colombiana puede traer como consecuencia, además de las pérdidas directas en la producción, el cierre de los mercados mundiales, como ya sucedió con algunas frutas en Estados Unidos y Japón, debido a la presencia de la mosca del Mediterráneo.

Marín también se refirió a la difícil situación por la que atraviesa la caficultura colombiana, debido, en parte, al incremento de los costos generados por el control de plagas como la roya y la broca, que hasta hace 20 años no existían en el país.

Con la llegada de nuevas plaga se generarían problemas de índole social, puesto que mucho inversionista del campo saldría del mercado por quiebra, perdiéndose capacidad en la generación de empleo. También se aumentaría la contaminación y el desequilibrio ecológico por el mayor uso de agroquímicos, productos que, si bien constituyen una herramienta para manejar las plagas, en algunos casos, afectan la flora y la fauna benéfica .